Una de las noticias más importantes del día tiene que ver con el endurecimiento de los requisitos que debemos cumplir los colombianos para ingresar a Ecuador.
Hasta hace poco, para cruzar la frontera los colombianos debíamos presentar el pasaporte, el pasado judicial y el certificado de la vacuna contra la fiebre amarilla; sin embargo, ahora también es obligatorio apostillar el certificado de antecedentes penales en la Cancillería de Colombia para comprobar que este documento no ha sido falsificado. Sin lugar a dudas este último requerimiento resulta exagerado, sobre todo si tenemos en cuenta que nunca en la historia fronteriza de los dos países se había vivido una situación tan tensa y desconfiada como la actual.
Las razones que explican la tensa calma son evidentes, y se remiten al reciente incidente fronterizo en el cual las fuerzas militares colombianas ingresaron al vecino país para atacar un campamento militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC EP-; la incursión militar colombiana además de generar un problema limitrofe que estuvo a punto de convertirse en una guerra internacional, produjó la muerte de uno de los cabecillas más importantes de la organización guerrillera alias Raul Reyes, la muerte de otros guerrilleros, algunos ciudadanos ecuatorianos y heridas a varias personas -entre las que se encontraban algunas y algunos estudiantes mexicanos-. Este incidente se materializó en una enemistad absoluta entre el presidente del Ecuador Rafael Correa y el presidente colombiano Álvaro Uribe; el primero manifestó en múltiples escenarios su molestia por lo que él llamo la violación de la soberanía del Estado ecuatoriano, mientras el presidente colombiano se limitó a disculparse argumentando que Ecuador era un santuario guerrillero en el cual las FARC encontraban su mejor fortín.
Este episodio ha generado represarias de múltiples características entre las que se encuentra el endurecimiento de los requisitos para ingresar al vecino país.
Los efectos prácticos de la medida
Hace poco estuvé en al frontera entre Colombia y Ecuador, y pude ver algunos de los efectos que han generado y seguiran generando las medidas adoptadas en el vecino país. En primer lugar, las filas son larguísimas y no avanzan rapidamente debido a que sólo cuatro miembros del ejercito ecuatoriano están revisando y aprobando la documentación. Esta situación hace que se presenten dos fenómenos; el primero de ellos es la venta de cupos en las filas: en esta práctica algunas personas que van en las posiciones más adelantadas venden puestos. En el segundo caso, e igual o más preocupante aún, resulta el hecho de que miembros del ejercito ecuatoriano dejen ingresar personas que no han hecho la fila pero que han pagado una cuota que alcanza los 20 dolares. Así mismo, algunos de los militares que se encuentran en los puntos de revisión de la documentación cobran entre 5 y 20 dolares por dejar pasar inconsistencias en la documentación, poner sellos o autorizar el ingreso a los colombianos.
La pelea de los estadistas y la fiesta de los oportunistas
No podemos desconocer que el evento que desencadenó esta situación es muy delicado, y que a pesar de que ya han pasado varios meses ninguno de los dos presidentes ha generado un espacio de dialogo en el cual se puedan limar las asperezas; todo esto a pesar de que históricamente las dos naciones han tenido intimas relaciones comerciales, y que la cultura y la geografía de las dos regiones es similar.
Como si fuera poco para este lúgubre escenario, existe un tercer elemento determinante en el problema: los oportunistas. Muchos han sacado provecho de esta situación, y ya son múltiples las prácticas ilegales que en torno a la pelea se han venido transando: compra y venta de cupos, venta de cédulas de uno y otro lado, un clima hostil entre los ciudadanos de las dos regiones, presidentes lejanos que han aprovechado la situación para calentar los ánimos, en fin un sin número de efectos colaterales que por ahora parecen no parar.
Seguramente esta situación empeorará debido al gran flujo de personas que viajan desde ambos lugares, así como a las relaciones comerciales entre ambas naciones. Precisamente por estas, entre otras razones, es necesario denunciar los abusos en la frontera y exigir a nuestros líderes que trabajen por alcanzar acuerdos que garanticen que las medidas no serán el camino a través del cual unos pocos obtengan beneficios a cuestas de dos naciones.