Llorando, después de haber bebido hasta la saciedad y mientras estaban desnudos en la cama, ella le preguntó por qué no la quería; furiosa le recriminó que no la amara aún después de todo lo que habían pasado juntos, aún después de que ella había dejado atrás su pasado por él; aún a pesar de que en las noches después de salir del trabajo caminaba ansiosa entre ríos de gente para poder verlo en casa, para dormir junto a él en el eterno abrazo del sueño.
Él, sorprendido la abrazó, lloró y le dijo que sí la quería, que disfrutaba hacerle el desayuno mientras ella se bañaba antes de irse para la oficina. Que aún no comprendía cómo había terminado viviendo con ella sólo 4 días después de haberla visto por primera vez; le confesó que lo estresaba sobre manera que preguntara tantas cosas, y que le molestaba aún más que para ella no hablar todo el tiempo reflejara un grave problema de comunicación en pareja.
Ella se levantó bruscamente de la cama y lo miro con rabia mientras gritaba:
- Pero cómo puedes decirme que me quieres si te vas mañana para siempre, si nuestra historia termina aquí y ahora.
Él permaneció inmóvil mirándola a los ojos y respondió:
- El día en que nos conocimos te dije que yo nunca pensaba en el futuro, que vivía el momento y que esto era sólo un viaje. Que tal vez te amaría, pero aún así me iría después de cierto tiempo porque no era el tipo de hombre que quería estar siempre en el mismo lugar.
Ella, frustrada se acostó de nuevo y en silencio lloró mientras se culpaba por amarlo. Durmió.
Él, afligido se fue en el primer vuelo de la mañana siguiente para su país de origen. Para siempre.