El río como la gente, se transforma, nunca es
el mismo. Sus aguas nunca regresaran y su curso se modifica con la geografía,
con el clima, con la vida misma.
Así somos las mujeres, cambiantes, peregrinas,
más cercanas al reino líquido que al terrestre. Circunscritas a la construcción
de la propia identidad, alejándonos (en la medida de lo posible) de los estereotipos y los caminos “seguros” que el trasegar de la historia ha
construido para nosotras.
En la dualidad del cambio constante. Tratando
de conciliar sueños y realidades. Sintiendo, pensando. Madres, hijas, guerreras, híbridas, andróginas,
mezquinas. Siempre siendo, siendo algo.
Me niego a ser la de antes, me niego a ser la
que quieren de mí. Yo sólo quiero ser en el devenir del camino al mar.
