Diario de viaje. Vivencias, fantasías, historias y reflexiones de una mujer en constante transformación.
martes, 25 de noviembre de 2014
sábado, 8 de noviembre de 2014
De la política o la profunda desilusión
Últimamente he estado pensando mucho en el ejercicio de la política.
No es la primera vez, de hecho estudié para hacer eso con argumentos, para decir qué debería hacerse, para predecir golpes de estado; para defender la democracia.
Durante la etapa del pregrado leí atentamente los pensadores clásicos y los más modernos, los postmodernos y los rebeldes, los columnistas; asumí posturas, participé en protestas, me comprometí , y decliné.
Después llegó la etapa laboral y mientras trabajaba como investigadora de alguna universidad pensaba con la arrogancia que da la academia y las instituciones. Me indigné, hice preguntas adecuadas -pero estúpidas por evidentes-, planteé soluciones, me equivoque mezquinamente mientras me justificaba en el método cientifico.
Hoy, pienso, la pienso, me pienso y lo único que encuentro es que existe una diferencia radical entre lo que se dice en el papel y lo que se hace en la práctica. El escenario de lo político está plagado de egos efervescentes y efimeros que se tranzan en indomables peleas por el poder. ¿Pero el poder para qué? ¿Para ayudar a otros que lo necesitan? ¿Para construir democracia? No. Sólo para tener el poder en sí mismo, por sí mismo.
Y reconozco que mientras estaba en el proceso de de-formación universitaria creía con ciega convicción que las cosas podrían cambiar, que yo y mis compañeras/os llegaríamos con aires de renovación, dando puntapíes a los procesos jurídicos atrasados, a las prácticas clientelares.
Tristemente eso que parecía una muestra de rebeldía académica o al menos una expectativa razonable, se ha convertido en un motivo de angustía y desilusión. Porque piense usted en la desilusión de tener que pregonar la democracia todos los días mientras cada una de las cosas que hace se funden en las prácticas de siempre, en esas politicamente incorrectas que nunca se reconocen en público. Imagínese que quisiera hacer algo diferente pero no puede porque siempre se encuentra con un pozo sin fondo en el cual las iniciativas no tienen mucho asidero.
No obstante, tenga cuidado porque si usted no llena ese lugar con regularidad y eficiencia, esa sería una clara muestra de su incompetencia y estaría en peligro de perder su empleo.
Y así.
No es la primera vez, de hecho estudié para hacer eso con argumentos, para decir qué debería hacerse, para predecir golpes de estado; para defender la democracia.
Durante la etapa del pregrado leí atentamente los pensadores clásicos y los más modernos, los postmodernos y los rebeldes, los columnistas; asumí posturas, participé en protestas, me comprometí , y decliné.
Después llegó la etapa laboral y mientras trabajaba como investigadora de alguna universidad pensaba con la arrogancia que da la academia y las instituciones. Me indigné, hice preguntas adecuadas -pero estúpidas por evidentes-, planteé soluciones, me equivoque mezquinamente mientras me justificaba en el método cientifico.
Hoy, pienso, la pienso, me pienso y lo único que encuentro es que existe una diferencia radical entre lo que se dice en el papel y lo que se hace en la práctica. El escenario de lo político está plagado de egos efervescentes y efimeros que se tranzan en indomables peleas por el poder. ¿Pero el poder para qué? ¿Para ayudar a otros que lo necesitan? ¿Para construir democracia? No. Sólo para tener el poder en sí mismo, por sí mismo.
Y reconozco que mientras estaba en el proceso de de-formación universitaria creía con ciega convicción que las cosas podrían cambiar, que yo y mis compañeras/os llegaríamos con aires de renovación, dando puntapíes a los procesos jurídicos atrasados, a las prácticas clientelares.
Tristemente eso que parecía una muestra de rebeldía académica o al menos una expectativa razonable, se ha convertido en un motivo de angustía y desilusión. Porque piense usted en la desilusión de tener que pregonar la democracia todos los días mientras cada una de las cosas que hace se funden en las prácticas de siempre, en esas politicamente incorrectas que nunca se reconocen en público. Imagínese que quisiera hacer algo diferente pero no puede porque siempre se encuentra con un pozo sin fondo en el cual las iniciativas no tienen mucho asidero.
No obstante, tenga cuidado porque si usted no llena ese lugar con regularidad y eficiencia, esa sería una clara muestra de su incompetencia y estaría en peligro de perder su empleo.
Y así.
La ambigüedad
Me han
enseñado siempre a callar, a contener, a no excederme, a ser discreta.
He pasado mi vida en una terrible lucha entre la contención que espero de mí y
las señales de mi cuerpo que se ahoga.
No comas,
no bebas, no grites, no difieras. Sigue las órdenes, se puntual, cree en Dios.
Pero mi estómago
suena por un hambre inexistente, mi copa parece vacía, mi impaciencia
aumenta.
Me
convierto en un ser rígido e inanimado.
Y mis
expectativas me desbordan.
domingo, 8 de junio de 2014
Más mujeres, mejor democracia.
El 9 de marzo de 2014 tuvieron lugar las elecciones al Congreso de la República. En ellas, por primera vez en unas elecciones para este órgano [1], se implementó la Ley 1475 de 2011 que contempla la obligatoriedad de la presencia de un porcentaje mínimo de mujeres en las listas de los partidos y movimientos políticos (30%).
Sorprendentemente, a pesar de que su aplicación ya era obligatoria en las elecciones locales de octubre de 2011 (es decir, hace casi 3 años), varios partidos se vieron en aprietos para cumplir con el requisito[2].
Los resultados
Según los resultados compilados por Sisma Mujer[3], hasta el momento el nuevo Congreso estaría conformado por 52 mujeres, equivalentes al 19,40% del total de la corporación. En el caso del Senado se habrían elegido 23 mujeres (22,54%), y en el de la Cámara de Representantes se habrían elegido 29 mujeres, lo que corresponde al 18,58%.
Estos datos son significativos si se tiene en cuenta que en las elecciones pasadas (2010- 2014), el porcentaje de mujeres electas sólo alcanzó el 14.18%, es decir, en estas elecciones se dio un aumento de 5.22%.
¿Hacia dónde vamos?
Los resultados evidencian que vamos en la dirección correcta y que la adopción de acciones afirmativas en favor de la participación política de las mujeres en Colombia sí funciona. No obstante, no podemos olvidar que seguimos estando muy lejos de una representación equitativa sobre todo teniendo en cuenta que las mujeres representamos el 51% de la población del país.
Es claro que persisten obstáculos de carácter legal debido a la falta de claridad acerca del alcance de la norma (sistema de incentivos/sanciones y voto preferente), de carácter institucional relacionados con la falta de compromiso de los partidos y movimientos políticos (incumplimientode los requisitos), y por ultimo de carácter cultural porque a pesar de todos los esfuerzos los resultados evidencian que la población sigue votando mayoritariamente por hombres.
En esos tres escenarios es donde debemos concentrar los esfuerzos con el objetivo de que por fin, todos en consenso, reconozcamos que la democracia sin las mujeres no es democracia. Promover la participación política de las mujeres es entonces una condición urgente y necesaria para construir una sociedad justa e incluyente.
Notas
[1]El Sistema de cuotas electorales ya había sido puesto a prueba en las elecciones locales de octubre de 2011, sin embargo, su impacto no llenó las expectativas debido a que a pesar de que hubo un aumento significativo en el número de mujeres candidatas, este aumento no se materializó en más mujeres electas.
[2]¿Las mujeres estarán de 'relleno' en las listas para el Congreso de la República? Partidos tendrían dificultades para cumplir la norma. Analistas dicen que se le hace ‘conejo’ a la ley. Disponible en: http://www.elpais.com.co/elpais/colombia/noticias/mujeres-estaran-relleno-listas-para-congreso-republica
[3]Vale la pena mencionar que estos datos no son definitivos debido a que los escrutinios se encuentran en etapa de reconteo y verificación. Informe completo de los resultados disponible en: http://www.sismamujer.org/105/
* Nota publicada en marzo de 2014 en la sección Noticias en Desarrollo de la página web del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo - Cider, de la Universidad de los Andes. Disponible en: http://cider.uniandes.edu.co/Noticias/2014_10/Masmujeres_mejordemocracia_28032014.asp
* Nota publicada en marzo de 2014 en la sección Noticias en Desarrollo de la página web del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo - Cider, de la Universidad de los Andes. Disponible en: http://cider.uniandes.edu.co/Noticias/2014_10/Masmujeres_mejordemocracia_28032014.asp
lunes, 17 de marzo de 2014
2009
Sí sí, sabe que también es su culpa. Siempre tomando decisiones apresuradas que se convierten en verdugos de su cotidianidad; siempre jugándose, dando papaya. ¿Qué queda después de eso? Pues casi nada, sólo desesperanza y soledad, la angustia de tener que volver a empezar, de lavar la ropa sucia en silencio porque ese el costo que se tiene que pagar por haber decidido vivir la vida sin pedir permisos, transgrediendo… y sí, siendo mujer.
Lunes, regresa la rutina… sola, un nuevo amante la espera en alguna red social.
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