lunes, 26 de enero de 2015

Mi casa

Esta tarde estuve en una librería buscando novelas en alguna promoción. Estando ahí no pude evitar pensar que la dicha más grande de la vida mía ha sido crecer entre libros. 

Mis padres son libreros y su oficio es vender historias; su aporte en este mundo ha sido generar una gran red de conocimiento que por supuesto empieza por sus hijos, todos buenos lectores. 

Muchas bibliotecas en la casa en la que crecí: la de mi padre con sus libros de colección, los de mostrar por la calidad de su papel, su olor, la fecha de su publicación, sus dedicatorias de amor entre gentes desconocidas, de otros tiempos, de otras promesas. La de mi madre y sus libros acerca de la felicidad, la crianza; su búsqueda espiritual. La mía con las más bellas ediciones de Tolstoy, García Márquez, Allan Poe, Allende, Neruda, en fin. La de mis hermanos llena de cuentos infantiles y las primeras novelas... mi hermana explorando.

Que mis padres tuvieran una librería es el regalo más bello que me ha dado la vida porque me ha permitido conocer infinitos mundos e infinitos tiempos. Gracias a eso no sólo he vivido mi vida, sino también muchas otras.


Cuando me fui de Colombia una de las cosas más difíciles que hice fue guardar mis libros en cajas, regalarlos, dispersar ese universo que construí por años. 
Sin embargo, afortunadamente para mí y gracias a mis padres, mi casa está en cualquier librería de este mundo.

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